¿Qué hacer con un hijo contestón y grosero? Consejos para «rehabilitarlo»

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¿Qué hacer con un hijo contestón y grosero? Consejos para «rehabilitarlo»

Cuando tu hijo muestra señales de ser agresivo o grosero con otros niños, incluso contigo hay algo que no está funcionando bien y debes tomar cartas en el asunto, los niños agresivos usan la violencia para resolver cualquier conflicto o como respuesta ante un sentimiento negativo, de ese modo expresan su frustración, ira o celos.

De acuerdo con expertos, es normal que en los primeros años de infancia, los niños muestren conductas agresivas o groseras, como forma de comunicarse y expresar sus emociones, ya que aún no las controlan, puede que estén enfados por razones justas pero no saber cómo pedir o expresar una necesidad, los padres deben enseñar justamente este control.

Aquí algunas claves que te ayudarán a saber qué hacer cuando tu hijo se porta agresivo o grosero, el objetivo es que los niños aprendan que se puede estar enojado, pero que la violencia no es el primer paso para dejar atrás el enfado, deben aprender algo que es indispensable en sus vidas y que es un valor que los padres deben inculcar siempre: el respeto.

Haz que pongan palabras a sus emociones. Tus hijos deben ser capaces de expresar cómo se sienten y por qué sin que lo primero que salga de ellos sean agresiones a otros, las palabras deben imperar antes que los daños.

Escúchalo

Pues tal vez su comportamiento se debe a algo que no puede explicar, también es importante que le digas que lo comprendes pero que no puede hacer daño a otras personas para desquitar sus sentimientos.

Busquen formas de desahogar su enojo. Hacer ejercicio, escribir, dibujar, entre otras, pueden ser opciones para que tus hijos puedan desahogarse de lo que sienten, con ello, les inculcas una vida libre de violencia.

Evita responder con la misma agresividad. Como sabes, el mejor ejemplo para ellos eres tú, así que no les grites o incites a que vean una actitud que tú quieres evitar en ellos, con calma y serenidad lograrás más cosas.

Busquen ayuda para afrontar su ira. Si los problemas de ira prevalecen en tu hijo, es momento de buscar ayuda profesional y dejar que los expertos se encarguen de controlar estas emociones negativas que están interfiriendo con el desarrollo adecuado de tus hijos.

¿Por qué los niños pueden ser crueles?

A veces tu hijo o hija no se comporta bien con sus compañeras y compañeros en la escuela. Pero no, no es sin querer. Y es que, en realidad, sabe muy bien lo que hizo y se da cuenta de la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Entonces, ¿por qué lo hacen?

Eileen Kennedy-Moore, psicóloga especialista en la creación de amistades, escribe para Psychology Today que, a veces, hasta los niños y niñas que se portan bien pueden creer que no está mal molestar a ciertas personas cuyos sentimientos no les importan. A veces insultan, inventan chismes, molestan, excluyen, empujan, patean y pegan a sus compañeros.

Es cierto que, muchas veces, sucede de forma impulsiva, al calor del momento. O sea, cuando no encuentran otras herramientas para resolver sus conflictos. Sin embargo, los niños en edad escolar saben ya perfectamente que no está bien pegarle a otras personas ni herir sus sentimientos. Y si les preguntas abiertamente en clase, te dirán que eso no se hace.

Pero hay huecos. En ocasiones, estos niños conscientes de que no se debe dañar a otras personas piensan que hay gente que simplemente no cuenta. La lista de razones que dan para relajar su brújula moral y volver aceptable agredir a algunos compañeros es muy larga: es que ella es fea, él es molesto, es muy raro, a nadie le gusta ella, etc. Así se justifican cuando ejercen violencia hacia otras personas.

Un estudio sobre desarrollo moral, publicado por la editorial de la Universidad de Cambridge, afirma que las conversaciones entre padres e hijos con respecto al bien y el mal realmente ayudan a desarrollar el sentido de moralidad en niños y niñas. Estas pláticas incluyen reconocer cuándo y cómo han herido a alguien y motivarles a transformarlo en un comportamiento positivo.

Ayúdale a identificar sus sentimientos

Aunque te suene tentador e imperativo señalarle de inmediato que lo que hizo está mal, lo primero es reconocer que tu pequeño tiene sentimientos de enojo o frustración. Esta empatía genera una conexión que te permitirá entablar la conversación.

No se trata de justificar o minimizar sus acciones, sino entender sus razones. Podrías mencionar, por ejemplo, que entiendes que se siente molesto a raíz de lo que percibió como una agresión por parte de la otra persona.

De forma clara y descriptiva explica lo que debió sentir la otra persona

La perspectiva es una habilidad que se desarrolla con el tiempo, así que necesitas ser tú quien le ayude a tu hijo o hija ver el punto de vista de la otra persona. Puedes pedirle que imagine lo sola, triste y angustiada que debe sentirse esa otra niña a la que está molestando.

Una forma de hacerlo es mostrarle que los sentimientos de esta niña son los mismos que tuvo en alguna situación que haya vivido. Por ejemplo: “¿Te acuerdas cuando Juanito te pegó? ¿Te acuerdas cómo te sentiste? Pues así se sintió Rosita hoy que tú le pegaste”.

Se muy claro en tus expectativas

Una crianza efectiva debe incluir un balance entre calidez y firmeza. Muéstrale a tus hijos cuáles son tus expectativas acerca de su comportamiento. “Sí, ya sé que Rosita te cae mal, aún así espero que la trates bien” o “incluso si otras personas te molestan espero que tú les trates bien”.

Asimismo, puedes mencionar opciones de solución ante situaciones conflictivas. Por ejemplo: “Tú eres responsable de lo que tú haces, incluso si esta persona te molesta, de ti espero que tomes buenas decisiones, puedes alejarte de la persona que te molesta y así evitar sentirte mal” o “ya sé que no te gusta que el otro niño te quite tus crayolas, pero por favor, cuando esto pase, espero que le digas que no de forma calmada y pidas ayuda a la maestra”.

Hay que seguir adelante

El mal comportamiento está mal y así se lo harás saber a tus hijos, pero no puedes dejarlos creyendo o sintiendo que eso los convierte en malas personas. Ellos necesitan seguir adelante con sus vidas y tener la oportunidad de recomponer las cosas. También necesitan saber que es necesario resolver los conflictos y resarcir el daño ocasionado.

Para eso, le invitarás a que busquen soluciones juntos. Pregúntale qué cree que puede hacer para que la otra persona se sienta mejor. Pídele que le haga saber a su compañero o compañera que lo siente y que quiere disculparse. Recordar situaciones similares es siempre importante y constituye otra forma de trabajar en conjunto.

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