Diez hábitos de los padres que dañan a sus hijos

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Diez hábitos de los padres que dañan a sus hijos

La autoestima hace referencia a la manera en que nos vemos a nosotros mismos y cómo creemos que nos ven los demás. En dicha percepción influye nuestro entorno y, en especial, el constituido por nuestros cuidadores. Cada mensaje dado o no dado, cada interacción y experiencia vivida en la primera infancia son claves para la construcción de esta dimensión.

Es decir, la autoestima no se construye tan solo con nuestras percepciones, sino que la influencia de nuestros padres, hermanos, maestros y amigos también resulta decisiva. Y tengamos claro un aspecto: es más fácil desarrollarla en un niño que tener que repararla en un adulto.

Por otro lado, tampoco podemos pasar por alto esas formas en que los padres dañan la autoestima de sus hijos sin saberlo. Las analizamos.

A continuación, recopilamos diez de los hábitos negativos más habituales de los padres y madres que dañan a sus hijos e hijas

Deslegitimar: es habitual que al comunicarnos con nuestros hijos e hijas no legitimemos sus opiniones, pensamientos y deseos. Y todos los expertos en crianza positiva insisten en que es el primer error de base.

Anular: además de no legitimar, hay padres y madres que directamente anulan a sus hijos e hijas. ¿Cómo? Por ejemplo, negándoles la oportunidad de expresarse, o rechazando que quieran hacer.

Ignorarles: en cualquier conversación cotidiana, preferir escuchar a otra persona que esté en ese momento haciéndoles compañía, o ponerte con el celular. O simplemente cambiar de tema sin atender la llamada de atención de tu hijo o hija.

Falta de apoyo emocional: no brindar apoyo emocional a los niños cuando lo necesitan puede hacer que se sientan desatendidos e inseguros.

Agredir: verbalmente, por supuesto, es una forma de dañar a nuestros hijos e hijas. Esto ocurre a menudo a través de comportamientos impulsivos que conllevan gritos y comentarios negativos.

Sobreexigencia: cuántos son los adolescentes o jóvenes que, quemados por la exigencia que han vivido desde la niñez en su entorno familiar, reconocen que prefieren cambiar de aires, tirar la toalla o sufren problemas de salud mental.

Comparaciones: comparar es inevitable, ya sea con hermanos y hermanas o con amigos del cole de la misma edad. Pero comparar es un hábito dañino porque nos desequilibra.

Favoritismo: es un hábito típico familiar que entronca con el anterior. Todavía existen los favoritismos entre hijos, nietos o sobrinos.

Castigos excesivos o inadecuados: los castigos descontextualizados e inadecuados siempre tienen una consecuencia en el autoestima de los niños y niñas. Y es una consecuencia negativa.

Sobreprotección: del mismo modo que el castigo y la jerarquía mal entendida son hábitos muy negativos que dañan a los niños, también lo es la sobreprotección, porque no les dejamos ser ellos y ellas.

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