Isla de Taboga (Panama)

Isla de Taboga
Taboga, también llamada Isla de las Flores por su exuberante vegetación tropical, es uno de los lugares de ocio favoritos de los panameños, lejos del bullicio y del frenesí de la capital. Está situada a unas 12 millas de Ciudad de Panamá. En su playa de la Restinga, cerca del muelle, es posible disfrutar de unos pinchos de carne, un arroz con marisco o un jugo de papaya mientras se admira la pequeña bahía por la que en el pasado transitaron conquistadores españoles y piratas ingleses. Los turistas que prefieran el ejercicio físico pueden recorrer el sendero de tres kilómetros que asciende hasta el cerro de la Cruz, desde cuya cumbre se alcanza a ver no solo San Pedro y la bahía de Taboga, sino también la propia Ciudad de Panamá.
Esta isla, de 5.9 kilómetros cuadrados y alrededor de un millar de habitantes, es la más grande del pequeño archipiélago de Las Perlas, situado en el Golfo de Panamá. Las aguas cristalinas de las playas de Taboga, azules y verdes, son su principal atractivo, aunque también lo son su verdor y la riqueza de su flora.
La isla de Taboga cuenta con hermosas playas ideal para bañistas y practicar deportes acuáticos. Ofrece varios senderos y miradores, siendo el principal el Sendero Tres Cruces, un camino que tradicionalmente han utilizado los productores del lugar para dirigirse a sus parcelas y fincas; en su recorrido se observa una rica diversidad biológica y una belleza escénica incomparable.
Un refugio de biodiversidad
La isla posee una vegetación muy variada, en sus partes altas cuenta con bosques tropicales secos en la que podemos encontrar gran cantidad de ficus y especies maderables como el laurel y el cedro espino, también hay árboles de Guácimo, Jobo, Guayacán, Corotú, Roble Algarrobo, Almendro, Caimito, Cocotero entre otros.
Una de las principales atracciones de esta isla para quienes buscan un encuentro con la naturaleza es el Refugio de Vida Silvestre Taboga y Urabá, una reserva de biodiversidad creada en 1984 para proteger principalmente la vida silvestre y el hábitat de las aves. La reserva cubre aproximadamente un tercio de Taboga, así como toda la isla de Urabá, cerca de la costa sureste de Taboga.
Taboga y Urabá constituyen un lugar de gran importancia ecológica por ser un paso obligado para las aves migratorias que la utilizan como sitio de albergue y alimentación. Además, son el hábitat natural de una de las colonias reproductoras de pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis occidentalis) más grandes del mundo. Se estima que la población anual de pelícanos en el área es de alrededor de 75 mil aves. En este refugio, pelícanos, garzas y gaviotas llegan entre los meses de diciembre a julio para su reproducción. Además del pelícano marrón, que es el más notorio en la zona, también hay gran cantidad de reptiles, anfibios, insectos, y otras especies de aves que se alimentan tanto de frutas como de insectos.
Dentro del Refugio de Vida Silvestre está el sendero ecológico Las Tres Cruces, recientemente habilitado y que consta de un kilómetro y medio de longitud, trayecto que comienza desde el poblado y que asciende hasta el mirador El Vigía. La isla de Taboga también es refugio de numerosas especies marinas en el Océano Pacífico. En sus aguas se pueden encontrar tortugas, peces tropicales, moluscos y en el fondo del mar existen bancos de corales.
Piñas y perlas
Se dice que las piñas de Taboga fueron plantadas por primera vez por el padre Luque en el año 1500, prosperaron bien y eran conocidas por su dulzura. Aunque es bastante raro, algunas todavía existen en Taboga. Debido al largo y laborioso período desde el crecimiento hasta la cosecha (aproximadamente 2 años), ya no se cosechan tantas piñas en la isla. Se cree que las plantas de piña de Taboga se exportaron a Hawai donde se utilizaron para desarrollar las piñas de Hawai tan famosas en la actualidad.
En los años 1500, el gobernador de Ávila notó que abundaban las perlas y estableció una pesca de perlas controlada en las islas Taboga y Taboguilla. Años más tarde se escribió que las ostras de perlas todavía eran abundantes y que los esclavos africanos las buscaban. La pesca estaba estrictamente controlada y los buzos tenían que encontrar un número fijo de perlas de calidad al día. Ya no existe una pesca sostenida de perlas, ya que fueron sobre explotadas y ahora se consideran raras.
Objetivo de corsarios
Consolidada la expansión española en América del Sur, esta isla pasó a ser una escala necesaria para los viajeros que atravesaban el Atlántico desde Sevilla. Desembarcaban en el puerto caribeño de Portobelo y atravesaban el istmo de Panamá por el camino de Cruces, a caballo, a pie o en barca, hasta llegar a Ciudad de Panamá, donde unas canoas los conducían hasta los galeones que los aguardaban en Taboga para iniciar el trayecto final del viaje hasta Perú, el virreinato más poderoso junto con México de los dominios españoles en América. Precisamente, esta prosperidad convirtió Taboga en objetivo de los principales piratas de los siglos XVII y XVIII. El inglés Henry Morgan atacó la isla después de destruir Ciudad de Panamá en 1671, mientras que Richard Hawkins o William Dampier aprovecharon sus manantiales para hacer aguada, al tiempo que acechaban a las flotas españolas. El último de estos marinos ingleses que la asaltó fue el capitán John Illingworth, quien, en 1819, tras quedarse sin empleo en la Marina Real británica al finalizar las guerras napoleónicas, se puso al servicio de los insurgentes hispanoamericanos, por cuyo encargo destruyó gran parte de sus edificios originales, aunque tuvo que retirarse debido a la resistencia de la población.