De la Portada 154a

Trayectoria de Reflexión y Crecimiento – Marlin Terbrueggen

A menudo miro hacia atrás y me doy cuenta de que mi camino nunca ha estado definido por el lugar donde comencé, sino por la determinación de seguir avanzando.

Cuando tenía 19 años, dejé Honduras, un país con valores de familia, cultura y calidez que todavía llevo en mi corazón. Un Pais hermoso, una época en la que la pobreza, el acceso limitado a la educación y los desafíos sociales y económicos hacían difícil que muchos jóvenes pudieran alcanzar el futuro con el que soñaban.

Llegué a los Estados Unidos con poco más que esperanza, valentía y el sueño de construir un futuro mejor. Sentía una profunda tristeza e incertidumbre al dejar atrás a mi familia y todo aquello que me era familiar. No hablaba inglés y no tenía idea de qué oportunidades me esperaban. Pero sabía una cosa: estaba dispuesta a trabajar duro, aprender y nunca rendirme.

Comencé mi carrera en la línea de producción en una empresa que se convertiría en mucho más que un lugar de trabajo. Se convirtió en el lugar donde construí mi carrera, descubrí mi potencial y crecí como líder. Durante más de 35 años, he tenido el privilegio de crecer a través de diferentes posiciones, aprender de mentores increíbles, superar obstáculos y aprovechar cada oportunidad para mejorar.

Hoy soy Chief Quality Officer y miembro del Equipo de Liderazgo Ejecutivo de una importante Corporacion Multinacional. También tengo el privilegio de servir a nuestra industria en diversos comités, abogando, asesorando y promoviendo el desarrollo y presencia de las mujeres en la ciencia.

Cada paso de este camino me recuerda que ningún sueño es demasiado grande cuando está impulsado por la perseverancia, la integridad y el propósito.

Sin embargo, mi trayectoria profesional cuenta solo una parte de mi historia.

Durante muchos años fui madre soltera de dos hijas maravillosas. Esos años me enseñaron resiliencia de una manera que ningún salón de clases podría haberlo hecho. Equilibré las responsabilidades de criar a mi familia mientras trabajaba a tiempo completo y continuaba mi educación en la Universidad, durante largas noches, muchas veces sacrificando horas de sueño, pero nunca sacrificando mi visión del futuro ni el bienestar de mis hijas.

Años después, tuve la bendición de conocer a mi esposo quien me brinda apoyo familiar y me anima a ser la mejor versión de mí misma.

Hubo momentos de agotamiento, incertidumbre y dudas sobre mí misma, pero me negué a permitir que mis circunstancias definieran mi destino.

Esas experiencias moldearon a la líder y a la persona que soy hoy.

Me enseñaron empatía, humildad, resiliencia y la importancia de ayudar a otros a crecer mientras avanzamos juntos. Para mí, el liderazgo nunca ha sido cuestión de títulos. Se trata de ayudar a las personas a creer en sí mismas antes de que ellas mismas reconozcan su propio potencial.

Una de las mayores satisfacciones de mi carrera ha sido desarrollar líderes, ser mentora de otros y ver cómo las personas descubren fortalezas que nunca imaginaron tener.

La fe en Dios y mi familia siempre ha sido mi mayor fuente de fortaleza e inspiración. Me recuerdan cada día por qué la perseverancia es importante y por qué el éxito tiene mucho más significado cuando podemos compartirlo con las personas que amamos y con quienes encontramos a lo largo del camino.

A medida que continúo este viaje, mi propósito ha crecido más allá de mis propios logros.

Quiero empoderar a las mujeres para que crean que su origen no determina su futuro. Quiero ser un ejemplo de cómo los sueños pueden convertirse en realidad a través del valor, la disciplina y una determinación inquebrantable, y de la importancia de escucharnos a nosotros mismos cuando otros dudan o nos sugieren que debemos rendirnos.

Quiero ser una voz para quienes se sienten ignorados, invisibles o no escuchados, ya sea en el lugar de trabajo o en sus comunidades. Quiero animarlos a hablar con confianza y a reconocer que sus ideas, talentos y experiencias tienen valor.

Mirando hacia el futuro, uno de los sueños más cercanos a mi corazón es hacer crecer mi fundación, Smiles for Honduras – Hope Through Education, y ayudar a que los niños y jóvenes de Honduras tengan acceso a la educación.

La educación transformó mi vida. Abrió puertas y caminos que no sabía que existían o que alguna vez me parecieron imposibles de alcanzar. Creo que cada niño merece esa misma oportunidad, independientemente de dónde haya nacido o de los desafíos que enfrente.

Cuando reflexiono sobre mi vida, no veo una historia de títulos o logros. Veo una historia de fe, perseverancia, resiliencia y servicio.

La historia de una joven que llegó a un nuevo país sin poder hablar el idioma, pero que se negó a permitir que el miedo definiera su futuro.

La historia de una madre que nunca dejó de creer.

La historia de una líder que descubrió que la verdadera medida del éxito no es qué tan alto llegamos, sino a cuántas personas ayudamos a lo largo del camino y cuántas logramos elevar junto con nosotros.

Mi historia todavía se está escribiendo.

Mi mayor esperanza es que inspire a alguien más a creer que lo imposible es solo temporal; que, en realidad, muchas veces es una ilusión oscura que nos hace pensar que no podemos avanzar. Que el trabajo duro crea oportunidades y que cada desafío que superamos se convierte en parte del legado que dejamos atrás.

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